
El cielo jamás me deja de sorprender
Durante el transcurso me vino la pregunta: ¿por qué? ¿por qué hacen eso?
La respuesta vino de mis recuerdos: la silla giratoria yendo tan rápido que hacía pegarme al respaldo y clavar los dedos en el asiento, el mareo divertido, el movimiento.
Las personas que me prohibían hacerlo se pueden dividir en dos grupos:
- las que nunca lo hicieron
- las que se les olvidó
Al llegar con el par de infantes comprendí que ellos jamás comprarían una silla giratoria con su poder adquisitivo actual, así que les enseñé cómo girar más rápido, aseguré el área para evitar golpes y me alejé.
Yo no debo olvidar que aún en estos días sigo jugando al carrusel frente al escritorio.
Nada escapa, nada muere, nadie olvida, eso lo sé
Al llegar abajo el tobogán no era el mismo al que se veía desde arriba, no me asombré, porque son cosas que suelen pasar todo el tiempo: ves algo y cuando lo pierdes de vista es otra cosa. (En ocasiones la transformación se da frente a tus propios ojos, normal).
Como si la corriente de agua hubiera venido tras de mi todo el tiempo, esperando el momento, me empujo de repente para desembocar en un gran splash. Las gotas salpicaron mi cara y el sonido de agua golpeando el suelo se hizo presente.
Hoy no trabajo.